
La COP30 acelera el uso de los combustibles sostenibles
diciembre 3, 2025
José González, Inelsa “El triángulo generación fotovoltaica-almacenamiento-electrólisis es un futuro que ya está aquí”
enero 28, 2026El hidrógeno entra en 2026 con menos protagonismo en los titulares, pero con un peso creciente en las decisiones industriales. Tras varios años dominados por estrategias nacionales, hojas de ruta y anuncios de gigavatios, el sector afronta ahora una etapa más exigente: demostrar qué proyectos son realmente ejecutables en un entorno regulatorio definido, con costes conocidos y una demanda dispuesta a comprometerse a largo plazo.
Los datos avalan este cambio de fase. El Global Hydrogen Review 2024 y su actualización de 2025, publicados por la Agencia Internacional de la Energía (IEA), muestran que menos del 10 % de los proyectos de hidrógeno de bajas emisiones anunciados a nivel mundial han alcanzado una decisión final de inversión (FID). La mayoría permanece en fases tempranas, a la espera de certidumbre normativa, señales de mercado claras o esquemas de apoyo estables.
La regulación europea entra en su fase decisiva
Uno de los factores que marcará con mayor claridad 2026 es la aplicación efectiva de la regulación europea. El hidrógeno renovable deja de ser un concepto político para convertirse en una categoría jurídica con requisitos técnicos precisos.
Los actos delegados sobre los combustibles renovables de origen no biológico (RFNBO), adoptados por la Comisión Europea en el marco de la Directiva de Energías Renovables (RED III), establecen criterios vinculantes sobre adicionalidad, correlación temporal y geográfica y trazabilidad de la electricidad renovable utilizada en la producción de hidrógeno. Estos textos, largamente debatidos por el sector, ya están influyendo en el rediseño de proyectos en países como España, Alemania o Países Bajos.
A esta regulación se suman normas sectoriales con impacto directo en la demanda. Reglamentos como ReFuelEU Aviation y FuelEU Maritime, incluidos en el paquete legislativo Fit for 55, introducen obligaciones progresivas de uso de combustibles sostenibles y sintéticos en aviación y transporte marítimo. Según las evaluaciones de impacto publicadas por la Comisión Europea, estos sectores están llamados a convertirse en uno de los principales tractores de la demanda de hidrógeno y derivados a medio plazo.
La influencia de los incentivos
Mientras Europa avanza por la vía regulatoria, Estados Unidos ha consolidado un enfoque basado en incentivos económicos directos. La Inflation Reduction Act (IRA) ha introducido créditos fiscales a la producción de hidrógeno bajo en carbono que han reducido de forma significativa el riesgo percibido por los inversores. El informe Hydrogen Insights 2024, elaborado por el Hydrogen Council, señala que más del 40% de los proyectos de hidrógeno de bajas emisiones que alcanzaron FID en 2024 se concentran en Estados Unidos. Este dato refleja no solo la magnitud de los incentivos, sino también su previsibilidad frente a marcos regulatorios más complejos.
Tecnología: del volumen anunciado al rendimiento real
En el plano tecnológico, 2026 estará marcado menos por grandes disrupciones y más por la optimización. La electrólisis sigue siendo el eje del hidrógeno renovable, pero el foco se desplaza hacia la eficiencia operativa, la fiabilidad y la reducción de costes.
El Global Hydrogen Review de la IEA subraya que la capacidad manufacturera global de electrolizadores supera ampliamente la demanda de los proyectos actualmente en construcción. Este desequilibrio está presionando a los fabricantes a competir en costes, eficiencia y durabilidad, y anticipa un proceso de consolidación industrial similar al vivido en otras tecnologías energéticas maduras.
En paralelo, el transporte y almacenamiento del hidrógeno gana protagonismo. Informes como Hydrogen Transport and Storage de la IEA destacan que, a medida que la producción se descentraliza, la logística se convierte en un elemento crítico para la viabilidad económica de los proyectos.
El mercado
Pese al fuerte respaldo político, el mercado sigue marcando el ritmo real de despliegue. El hidrógeno renovable continúa siendo sensiblemente más caro que el hidrógeno gris producido a partir de gas natural. Análisis de BloombergNEF y de la propia IEA sitúan el coste del hidrógeno verde entre dos y tres veces por encima del convencional en la mayoría de los escenarios europeos actuales, incluso considerando precios elevados del CO₂.
Por este motivo, la demanda sigue concentrándose en sectores que ya utilizan hidrógeno de forma intensiva (refino, producción de amoníaco y determinados procesos químicos), donde la sustitución responde a obligaciones regulatorias, compromisos climáticos o estrategias corporativas de descarbonización, más que a una ventaja económica inmediata.
Galicia ante 2026
En este contexto de madurez selectiva, Galicia parte de una posición singular. El Mapa de Capacidades del Hidrógeno en Galicia, presentado por la Asociación Gallega del Hidrógeno (AGH2) en diciembre de 2025, ofrece una radiografía detallada del ecosistema industrial, tecnológico y logístico existente en la comunidad.
El documento identifica capacidades que abarcan desde la generación renovable y la ingeniería industrial hasta la logística portuaria, la industria electrointensiva y los centros de conocimiento. Más que un catálogo de proyectos, el mapa pone el foco en el potencial real del territorio para integrarse de forma coherente en la cadena de valor del hidrógeno.
De cara a 2026, el reto para Galicia no será tanto anunciar nuevas iniciativas como articular estas capacidades en proyectos alineados con la regulación europea y conectados con demandas industriales concretas. En un sector que entra en una fase de criba, la capacidad de convertir potencial en ejecución será el verdadero factor diferencial.




